De la tierra

See the catalogue: https://issuu.com/culturadipcas/docs/dolz_issuu

Exposición en Castellón (España) del 4 al 31 de enero de 2018

Espai Cultural Obert Les Aules - Diputación Provincial

Comisario, Joan Feliu

Un pequeño elogio del pasado, que no de la nostalgia, una defensa de la necesidad que tenemos, a veces, de mirar atrás para ver de dónde venimos y el camino que debemos escoger… un darse cuenta de cómo pasa el tiempo y de qué forma todas las cosas que nos rodean cambian o evolucionan. De eso trata esta exposición.

No se trata de ser nostálgico, el pasado es continuamente superado por la historia misma, envejece y se marchita como un fruto caído (en palabras del propio Dolz). Pero la podredumbre que se adueña de lo orgánico es fundamental para que germine una nueva vida perfectamente abonada. Una vida distinta nacida de un fundamento sólido.

El tema del paso del tiempo queda reflejado en esta muestra casi como una obsesión plasmada en la transformación constante de la materia, en la escenificación, a través de la podredumbre de lo orgánico, de los misterios cotidianos de la vida y la muerte. El tiempo y su paso invisible. Tal vez todo lo que llamamos espíritu es el nacimiento, algo así escribía Malevich a principios del siglo pasado. Y esa espiritualidad de la materia es el secreto y la realidad en la obra de Dolz y, si me permiten, una gran lección de humildad.

No quisiera dar la impresión de que la muestra plantea la necesidad de volver atrás. Puedes amar el pasado y honrarlo, pero no puedes devolverlo a la vida. Murió y solo puede vivir en el mito. La nostalgia es un sentimiento noble, íntimo y universal, pero es ingenuo idealizar el pasado. No obstante, no me negarán que hay días y noches en que sientes que el peso sordo de tu vida se fue.

Frutos podridos, formas orgánicas como organismos vislumbrados en el fondo del mar, como planetas lejanos o como la vida celular vista a través de un microscopio. Un uso lírico del color que aspira a lo que podría llamarse expresionismo cromático, entendiendo que el color tiene un gran poder expresivo y comunicativo, tiene una cierta vida, una resonancia emocional.

Pueden ver unas obras que se prestan a lecturas variadas, que no tratan de provocar una respuesta o reflejar un estado de ánimo específico. Estaría bien que las diferentes relaciones que se establecen en las pinturas, con el uso del color, la atmósfera, las variaciones tonales, el dibujo, el motivo, la figura o el fondo, intrigasen subjetivamente al espectador, y las respuestas fueran tan diferentes como múltiples sean las visiones.

En cualquier caso, Dolz utiliza un lenguaje pictórico figurativo, intenso y austero; un repertorio de formas y fenómenos que conjugan la descomunal y caótica orgía de la vida y la muerte. Y todo ello en el filo de la navaja de lo perceptible. Está muy cerca de una concepción de la pintura como objeto, con todo lo que eso significa de distanciamiento, congelación, neutralización. El autor mantiene un pie firme en la tradición pictórica del informalismo matérico y otro en el neoexpresionismo.

Y de todas estas disertaciones, quédense con ésta: con un sublime juego con la materia, con la idea de una irrefrenable vida que no se detiene, con una pintura que muestra el irrevocable y devastador efecto del paso del tiempo, las obras de Dolz hablan de una distancia que sentimos cerca, de una ausencia que sentimos presente... y de que está bien que así sea si queremos tener futuro.

Joan Feliu.